Sin duda fue aquella marca tenebrosa en mi antebrazo la que rebasó el vaso de agua. Por mi cabeza ya rondaban ideas de buscar mejores horizontes ante una cotidianidad que te esclaviza y suele ser anormal desde todo punto de vista. Y precisamente cuando digo marca tenebrosa, no me refiero a la invención de Rowling, la celebérrima maestra escritora inglesa de Harry Potter, sino al número serial, a guisa de turno, que en ese momento, marcaban en los antebrazos de las personas para comprar un kilo de leche maternizada, pues vale destacar que en Maracaibo, Venezuela, lo digo en el momento, noviembre de 2015, se hacía esa práctica injuriosa y perversa con todos los productos. Además de la olímpica cola o fila, uno tenía que soportar quedamente los abusos de las mafias de contrabandistas, mejor conocido como "bachaqueros", quienes sabiendo la llegada exacta del producto, entraban osados, procaces, dueños de todo, a ocupar los primeros espacios de la anacóndita cola. ...