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No cometamos los mismos errores

Foto fuente: Revista Semana

Sé que cada pueblo tiene los políticos que se merece, más allá de los debates de izquierda o derecha, comunismo o capitalismo, en América Latina estamos experimentando esos vaivenes de retrocesos donde los intereses de los grupos corporativos y políticos, especialmente de las castas corruptas de gobernantes siguen viendo en esta parte del continente una mina de materia prima, de eso no nos quede la menor duda. Precisamente un 12 de octubre como hoy las divisiones y paradigmas encontrados han hecho mella de la senda  al camino de la búsqueda de la suma de felicidad que lamentablemente el dinero no puede comprar, es un asunto de conciencia y cuando digo de conciencia lo llevo a la esfera personal que la tan manida y prostituida conciencia de clase que los líderes "izquierdosos" usufructúan para sus propios intereses. 

Lo que estamos viviendo en lo político son los últimos estertores de una izquierda latinoamericana moribunda  que prometió nubes y castillos, ser el camino redentor de los errores socialistas en el mundo, incluso llegando a creer que tenían la verdad absoluta en sus manos, vemos como gobernantes tan terriblemente ineptos como Maduro y Ortega, con sus séquitos y cúpulas podridas, son los principales generadores de una exportación de desesperanza.

Es innegable, palpable y evidente el estrepitoso  fracaso de las izquierdas políticas, pero no con ello debe morir la esperanza de lograr un cambio paradigmático verdadero que permita a las mayorías lograr igualdad de oportunidades con base a los esfuerzos propios y colectivos. Sin embargo, Maduro-y todos sus pseudos dirigentes revolucionarios- son la tapa del frasco, los genuinos pedagogos de cómo se pueden hacer tan mal las cosas para que dirigentes de extrema derecha como Jair Bolsonaro en Brasil- el Donald Trump tropical-   lleguen fácilmente al poder, aún cuando a la fecha de hoy, 12 de octubre de 2018, eso sea potencial, tan potencial cuando Trump y Duque fueron candidatos.

Parece hasta un acuerdo hasta tácito entre los extremos involucrados para ser fuentes de pesimismo, pues mientras unos se empeñan en ser malgobernantes, incompetentes e ineptos, los otros disfrutan sádicamente de ver el sufrimiento de pueblos enteros, circunscribiéndose a solo llamados inocuos de atención, para posteriormente imponer sus agendas electorales e instaurar a candidatos afines a sus intereses.

Esa exportación de desesperanza venida desde las olas ingentes de migrantes no en balde han generado temor en las grandes mayorías, la frase "no queremos ser una segunda Venezuela" ha calado en los imaginarios y amenazan las políticas de justicia social y distribución equitativa de la riqueza, son ellos (los políticos diestros y siniestros) quienes confunden a las mayorías, decepcionando a tal punto que cualquiera puede gobernar mejor que uno de esos incoherentes líderes de izquierda, por un lado llaman a la revolución, mientras que por otro ostentan privilegios y riquezas que dejan boquiabierto al más rancio oligarca.

Eso último es lo que llamamos cambiar oro por espejitos, ese círculo viciosos de líderes de extrema izquierda y extrema derecha, cada uno furibunda y fanáticamente defendiendo sus dizque ideales han hecho un daño terrible en el ejercicio democrático verdadero en los países de América Latina.

Sin duda es menester también hacer un ejercicio de conciencia ciudadana, se repiten los errores atávicos una y otra vez, porque tampoco - y sería ingenuo de mi parte- no reconocer las crisis económicas producto de la receta neoliberal y la mano invisible del mercado, pero también denunciar las incapacidades de la casta izquierdista que se hace rica a costa de vender su religión política marxista leninista, se han convertido en pitonisos, viven a costa del resentimiento y las taras históricas, mientras en paraísos fiscales amasan fortunas y en el imperio mismo viven sus hijos y familias.

Más allá de las posiciones extremas que defienden enceguecidamente uno y otro modelo, antes de culpar a las mayorías de pata en el suelo o de desclasados, es importante reconocer el valor de la historia para no cometer los errores del pasado, quitando un modelo por otro más radical, aquí debemos sacar aprendizajes, pero por lo que veo, un Duque en Colombia, un Macri en Argentina y muy seguramente un Bolsonaro en Brasil contrastan también con un Maduro en su laberinto en Venezuela, un Ortega en Nicaragua, un autoritario Morales en Bolivia, definitivamente las lecciones no hemos aprendido, nos encantan los espejitos.

Necesario es un modelo que emerja y pueda lograr poner por encima de todo los intereses verdaderos de las mayorías, las oligarquías colombianas, por ejemplo, son idénticas a las boliburguesías caraqueñas, la corrupción en todos los niveles sigue siendo común denominador.

El cambio comienza en nosotros más allá de la  histórica violencia del capitalismo y de los fantasmas comunistas generadores de pobreza, el cambio comienza desde la educación, educación de la pregunta, reconociendo al verdadero enemigo, aquellos que en nombre de la democracia o del socialismo se ponen la misma ropa, ellos siguen siendo conquistadores.




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